El cansancio que el café ya no arreglaba.
Un cuerpo que no respondía.
Cero ganas. Cero energía.
Y la sensación constante de que algo no estaba bien… aunque no sabía qué.
A los 37 no pensás en perimenopausia.
Pensás: estoy estresada, es normal, ya se me va a pasar.
No se pasó.
Venía de una vida bastante armada en Argentina. Entrenaba 3 a 4 veces por semana, comía saludable (no era vegetariana en ese entonces) , iba a clases de salsa, tenía rutinas, horarios, cierta estabilidad. Mi cuerpo respondía, me sentía fuerte, activa… estaba bien. Incluso delgada. No perfecta, pero bien.
A mis 35 años me mudé a París para empezar de cero. Cero absoluto.
El primer año fue puro estrés cotidiano: buscar trabajo, adaptarme a una ciudad nueva, aprender un idioma que no hablaba en absoluto (y que, seamos honestas, sigo aprendiendo), entender el metro, los barrios, los mercados, las reglas no escritas. Todo era nuevo. Todo demandaba energía.
Empecé trabajando en un restaurante. Y ahí fue cuando, sin darme cuenta, empecé a soltar todo lo que antes me sostenía. Dejé de entrenar como entrenaba. Dejé de comer como comía. Mi cuerpo pasó de ser un lugar conocido a un territorio extraño.
Intenté hacerlo todo a la vez: trabajar muchas horas, aprender francés, no perder musculatura, seguir “activa”. Fracasé. El primer año fue un gran fracaso en ese sentido. Estaba agotada. Agotada de verdad. No cansada: agotada.
Socializar se volvió imposible. Ver a los pocos amigos que había hecho me parecía una montaña. A veces la libido desaparecia por semanas, y otras era un fuego que me quemaba por dentro. Esa inestabilidad que me volvia loca, los cambios de humor, la hinchazon, la fatiga….Todos te dicen: es normal, es el estrés, es el TDAH (que en otro momento tambien voy a abordar porque es algo que nos afecta a muchos y lo vivo diariamente).
Y asi es, como durante mucho tiempo estuve cansada, agotada, inflamada, sin energía, sin ganas. Sentía que hacía “todo bien” y mi cuerpo no respondía.
Vivía en modo supervivencia.
Hoy sé por qué.
Estaba comenzando la perimenopausia. Y nadie me lo había explicado así.
Hasta que un día dije stop.
Stop a ese estrés diario que no me llevaba a ningún lado. Stop a insistir en algo que no estaba funcionando. Volví a mi profesión. A eso que siempre me apasionó.
Dejé el restaurante y empecé a dar clases. Primero en español, luego en inglés. Y poco a poco, mi francés fue apareciendo. Cambié mi alimentación por completo. Volví a entrenar, pero esta vez desde otro lugar: con más consciencia.
Empecé a tomar la musculación en serio. Sumé días de cardio. Y acá viene algo muy importante que quiero decirte no solo desde mi experiencia personal, sino también como coach.
Al principio, mi cardio era HIIT. Daba clases, entrenaba sola o con grupos los sábados. Eso me hacía sentir muy bien físicamente y me ayudaba muchísimo a descargar estrés.
Después cambié el HIIT por running. Tenía un objetivo anual. Todo estaba planificado: entrenamientos de resistencia, cardio, progresiones. Lo hacía “bien”. Pero no lo disfrutaba.
Cuando el objetivo terminó… dejé de correr.
Y ahí entendí algo clave: el mejor cardio no es el que está de moda ni el más extremo. Es el que podés sostener.
No sirve hacer un run de 15 km si después pasás semanas sin volver a hacerlo. No sirve matarte una semana y desaparecer tres. La constancia es lo que da resultados. Siempre.
Entonces, si no te gusta correr, buscá otra cosa. Baile. HIIT. Natación. Caminatas activas. Algo que cuente como cardio, que te desafíe un poco, pero que puedas hacer todas las semanas como parte real de tu rutina.
Así fue como mi entrenamiento fue cambiando estos últimos años. Hoy tengo 41 años y me siento realmente muy bien. No me importa si está de moda el Hyrox o correr una maratón. Busco lo que me hace bien a mí y lo que puedo sostener en el tiempo.
Desde hace ya 4 años, mi entrenamiento se organiza así:
– 4 días de musculación
– Circuitos de HIIT cortos (10 a 15 minutos máximo)
– 1 día de yoga
– Mínimo 10.000 pasos diarios
Simple. Sostenible. Efectivo.
La alimentación también cambió mucho.
Hoy llevo una alimentación plant-based. Como huevos y queso. Y sí: como casi siempre lo mismo. Muchísimo.
Antes de mirar calorías, miro macros.
Proteína primero: alrededor de 30 g por comida.
Carbohidratos: aproximadamente 190 g al día.
Grasas: entre 34 y 50 g máximo.
Y esto lo digo con total honestidad: llevar un registro —ya sea en una app o de forma manual— lo cambia todo. Pero todo de verdad. Un mes siendo constante y el cuerpo lo muestra.
No es restrictivo. No es una dieta. Es atención.
Presto atención a lo que como, pero si quiero darme un gusto, me lo doy. Con consciencia. No hay atracones. No hay castigos.
Si un día hubo excesos, al día siguiente se come normal. No se penaliza al cuerpo.
Y con el entrenamiento pasa lo mismo. Si una semana no pude ir a la sala, no castigo nada. Retomo. Escucho. Sigo.
Por eso creé mi guía.
La creé pensando en mi yo de hace un tiempo. En esa versión mía realmente estresada, agotada, confundida, sin entender por qué su cuerpo ya no respondía como antes.
En la guía está todo esto y más: como llevar tu entrenamiento, tu alimentación, estrés, perimenopausia y cómo ordenar todo sin volverte loca.
Y si necesitás ayuda personalizada, estoy acá como coach para acompañarte y ordenar tu entrenamiento según tu realidad.
Podés empezar por la guía. Está disponible en español y francés.
El link lo encontrás en mi bio.
La guía definitiva para tu cambio: Glow+40






